Serapia Sierra – Nuestra Patrona

Nuestra Patrona

En el año 1630 el hacendado portugués Antonio Farías Saá radicado en Sumampa (Santiago del Estero) solicitó a un compatriota suyo que vivía en Brasil una imagen de la Inmaculada Concepción, con el propósito de construir una capilla en su honor. Este, para una mejor elección, le envió dos tallas, una de ellas representaba a la Virgen con el Niño.

Así fueron transportadas en una carreta que partió unida a una caravana. En la tercera jornada de viaje, los itinerantes decidieron hacer un alto en la Cañada de la Cruz, a unos 25 Km de la actual Luján. Cuando al día siguiente intentaron reanudar la marcha, inexplicablemente era imposible mover la carreta que llevaba las imágenes. Luego de los fallidos intentos, decidieron sacar una por una las dos cajas con los preciosos contenidos. Finalmente comprendieron que se trataba de un prodigio, en el que la Virgen manifestaba su deseo de ser venerada allí, cuando quitaron la imagen de la Inmaculada de la carreta y esta se movía sin obstáculo.

La talla, de unos 38 centímetros y construida con arcilla (terracota), fue trasladada a la cercana estancia de Don Rosendo de Oramas, donde fue erigida la primera capilla en honor a Nuestra Señora de Luján, que perduró hasta 1674. Quedó al cuidado de la imagen un negrito que viajaba en la caravana llamado Manuel, quien fue el primer gran difusor de esta advocación.

Luego de la edificación a través de los años de numerosas capillas en su honor, en 1890 comenzó la construcción de la actual basílica. El sacerdote Jorge María Salvaire, quien herido por los indios durante una misión y al borde de la muerte fue sanado milagrosamente. El realizó la promesa a la santísima Virgen de levantar un templo digno de Ella, de propagar su culto y de dar a conocer su historia. En 1885 publicó la historia de Nuestra Señora de Luján e inició la construcción del magnífico templo, obra que no llegó a ver concluida, pues murió mucho antes de 1935, fecha en que esta fue finalizada.

El mismo sacerdote, en 1886, presentó al papa León XIII la petición del Episcopado y de los fieles del Río de la Plata para la coronación de la Virgen. El pontífice bendijo la corona, y la coronación canónica se realizó el 8 de mayo de 1887. En el año 1930, el santuario recibió de Pío XII el título de basílica y se declaró a Nuestra Señora de Lujan patrona del los tres países del Plata: Uruguay, Paraguay y Argentina.

La Fundadora – Serapia Sierra

Nombre Religioso
María Lujan
Fecha de nacimiento
24 de noviembre de 1850
Lugar de nacimiento
Salto, prov. de Buenos Aires
Obra
Fundadora de la Congregación Hijas de Nuestra Señora de Luján
Devociones
Eucaristía, Sagrado Corazón, Virgen de Luján, San José.
Rasgos Espirituales
CARIDAD – SENCILLEZ – HUMILDAD – AMOR AL TRABAJO – OBEDIENCIA – FE EN LA DIVINA PROVIDENCIA

Su Infancia

El veinticuatro de noviembre del año del Señor de mil ochocientos cincuenta, nació en Salto Argentino (provincia de Buenos Aires) una niña, hija legítima de don Francisco Sierra y de doña Raimunda Báez, que fue bautizada solemnemente por el entonces Padre don Carlos Torres, con el nombre de Serapia.

Toda la infancia de Serapia transcurrió en lo de la familia San Francisco. Allí, junto a sus hermanos y padres, quienes le brindarían una incondicional compañía a lo largo de toda su vida, comenzaría a acercarse al camino del Señor.

Comienza así su vida religiosa junto a sus dos fieles compañeras: la Fe y la Providencia. Desde pequeña su familia la guía hacia la fe cristiana y la conduce por el sendero del bien, con sus ejemplos. Serapia atraviesa una infancia feliz y comienza a desarrollar sus dones de caridad, así como también un profundo amor hacia el prójimo y hacia Dios.

Ya desde pequeña, Serapia comienza a sentir un profundo llamado a su vocación de ayudar al prójimo, la cual se hace cada vez más fuerte dentro de su corazón. Este llamado de Dios le da las armas necesarias para poder continuar con su misión de caridad y de amor hacia los demás, iluminándola y a la vez guiándola por la senda de una fe que aumentaría día a día.

De esta manera empieza a intervenir en la obra de su parroquia, prestando su colaboración en donde se intentaba no solo satisfacer las necesidades materiales, que eran muchas, sino también las espirituales.

Durante su juventud siente un profundo sentimiento de ser útil a su prójimo y de cumplir así sus anhelos , es así como en sus tiempos de iluminación divina, comienza a escribir su DIARIO PARTICULAR

Su Vocación

Con el Santo Bautismo inicia Serapia su vida cristiana, el ejemplo que le daban sus padres fue asimilado por la niña. Su exquisita caridad para con el prójimo necesitado, su sencillez, su piedad y el amor a las cosas de Dios fueron desde el principio características suyas. Por eso, el Padre Roque Carranza, quien sería su confesor, certificaría el 29 de diciembre de 1890 “…que la Señorita Serapia Sierra, observa una vida ejemplar y piadosa, frecuentando los Santos Sacramentos y ejercitándose en la práctica de las virtudes cristianas». A los 17 años siente el llamado al estado religioso, era el año 1867. Pero dos motivos la obligaron a diferir esta vocación: su estado de salud y la oposición de algunos de sus familiares. Diez años más tarde, en 1877, con 27 años de edad, se consagra a Dios en la Congregación de las Vicentinas. Pero las adversidades no cesaron y su enfermedad empeoró, esto hizo que se retirara luego de cuatro meses.

El tiempo transcurría para el corazón de Serapia y los obstáculos no disminuían, aumentaban cada día. Sintiéndose muy débil anímicamente, pidió “al Todopoderoso que sustituyera esa idea por otra de posible realización”. Mas era voluntad de Dios que continuara sufriendo, que fuera virgen y mártir, que se sacrificase en el crisol de las contrariedades para ser Madre y modelo de otras almas…. Bastaba la gracia de Cristo para sostenerla! Luego de pasar por varias Congregaciones y siempre con la idea de fundar un Instituto Religioso, en 1890, la Madre Superiora y fundadora de las Hermanas Josefinas Pobres Bonaerenses, le concede el ingreso a su Congregación. Comienza el postulado el 3 de febrero de 1890, se acabarían así sus vacilaciones y sufrimientos, gracias a los consejos santos de la Madre Camila Rolón, fundadora de dicho Instituto. Así, le abrió un nuevo panorama que no estaría libre de sinsabores e incertidumbres, pero que al fin le daría la satisfacción mas cumplida, la culminación de su gran ideal: Fundar el Instituto de las “Hijas de Nuestra Señora de Luján”.

El 24 de noviembre de 1893 marcaría rumbos definitivos a la Congregación de las “Hijas de Ntra. Sra. de Luján”. Pues en ese día las cuatro primeras Religiosas de la naciente Congregación emitirían los votos religiosos.-

Serapia Sierra

Después de veintiséis años de lucha Sor María de Luján Sierra cumplía sus anhelos. Aquello que tantos esfuerzos y lágrimas le había costado; aquello para lo cual creía haber nacido: su sueño, el ideal de su vida hoy era una palpable realidad. Su gozo pues no podía ser más intenso por eso la acompañó hasta la muerte. “Que hermoso es vivir consagrada al servicio de Dios”, exclamaba conversando con sus hijas. Y añadía “Mas prefiero estar un día en la casa del Señor, que cien años en los tabernáculos de los pecadores”.

Sor María de Luján Sierra era consiente de sus obligaciones aún antes de consagrarse a Dios. Su pobreza estaba íntimamente relacionada con su amor al trabajo y su confianza sin límites en la Divina Providencia. Su meta por sobre todas las cosas era “extender el Reinado de Jesucristo”, como lo expresa en sus primeros apuntes.

La humildad, la obediencia y la caridad eran las virtudes que más sobresalían en el jardín espiritual de la Madre. La humildad por base, la obediencia por timonera, la caridad por meta. Con este programa fácilmente se explican los progresos en el camino de la perfección cristiana. El título de fundadora jamás le sirvió de excusa, pretexto ni obstáculo para el ejercicio de virtud tan excelsa.

Sintió profunda reverencia hacia los sacerdotes, en momentos de incertidumbre o de prueba acudía a los ministros del Señor para pedirles dirección y consejo. Fue con ellos respetuosa y sumisa, considerándolos siempre como dispensadores de las gracias y dones celestiales. Siendo la Madre obediente como la que más, podía recomendar esta virtud a sus hijas. Quería que guardaran la obediencia “tanto en lo pequeño como en lo grande, en lo penoso y arduo como en lo ligero y fácil, haciendo todo sin murmurar, de buena voluntad, «por el amor de Aquel que por nosotros se hizo obediente hasta la muerte y muerte de Cruz”. La oración y la lectura espiritual eran otros ejercicios piadosos y medios de perfección que Sor María de Luján Sierra nunca descuidó. Entre sus libros preferidos se hallaban la “Imitación de Cristo” y “Las Glorias de María”.

La vida de la Madre Sierra estuvo siempre impregnada de un tiernísimo amor a la Reina del Cielo.Aconsejaba a sus Hijas diciéndoles “Si ud. Quiere preservar en la vocación religiosa, rece diariamente tres avemarías a la Santísima Virgen”. La Madre veneraba a la Santísima Virgen especialmente bajo la advocación de Nuestra Señora de Luján. Humildad, mortificación y piedad: he aquí las tres columnas sobre las cuales levantó la Madre Sierra el magnífico edificio de su perfección evangélica.